Opinión

2026 no será un año para valientes, sino para prudentes

  • Ana María García
    Exor - Latam Centroamérica
    20 de Enero, 2026

Durante años hemos escuchamos la típica frase de si no te arriesgas, no ganas. Esa idea funcionó durante mucho tiempo y se volvió casi indiscutible. Pero hoy, insistir en ella puede ser un error.

El problema no es arriesgar. El problema es hacerlo como si el contexto actual fuera el mismo de antes. El entorno económico no castiga la falta de valentía, sino la equivocación. Y el margen para cometer errores es mucho más pequeño de lo que queremos reconocer.

Las tasas de interés siguen altas. Aunque la inflación ha bajado, los bancos centrales no tienen prisa por regresar al dinero barato. La Reserva Federal dijo que cualquier ajuste dependerá de cómo se comporten la inflación y la economía, no de lo que los mercados esperan. En otras palabras, el financiamiento seguirá siendo caro.

Cuando el financiamiento es caro, cada decisión pesa más. Un proyecto mal planteado, una deuda mal planificada o una inversión demasiado concentrada pueden borrar en poco tiempo lo que llevó años construir. En este contexto, tomar decisiones para crecer sin evaluar los riesgos deja de ser una buena idea.

El crecimiento global tampoco es favorable. El Fondo Monetario Internacional estima que la economía mundial crecerá alrededor de 3% en 2026. Si bien es cierto que el mundo sigue avanzando, nos enfrentamos a muchos desafíos, entre ellos tensiones geopolíticas que no se resuelven, episodios frecuentes de estrés financiero y eventos climáticos cada vez más costosos.

A esto se suma la volatilidad. Los mercados se pueden mover en cuestión de horas, una decisión política anunciada por redes sociales o un conflicto externo pueden ser suficientes. El Banco Mundial señaló que los más vulnerables no siempre son los más endeudados, sino los que no tienen un colchón para sobrepasar los momentos difíciles. Esto aplica igual para países, empresas y finanzas personales.

Por eso, la rentabilidad prometida, por sí sola, nos dice poco o nada. Evaluar decisiones solo por el retorno esperado es uno de los errores más comunes. En el entorno actual, la pregunta importante no es cuánto puedo ganar si todo sale bien, sino qué pasa si las cosas no salen como espero.

No gana quien asume más riesgo, sino quien entiende bien el riesgo que está tomando. Ser prudente no es quedarse quieto. Es elegir mejor. Es protegerse de errores grandes y aceptar que no vale la pena tomar todas las oportunidades. En un entorno incierto, la consistencia suele ser más útil que la audacia. 
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