El mundo atraviesa un escenario monetario que desafía las proyecciones de solo un año atrás. Las tasas de interés se mantienen elevadas en las principales economías, la inflación aún no se contiene por completo, y los efectos de las tensiones comerciales —principalmente impulsadas por Estados Unidos— empiezan a proyectar una sombra sobre el crecimiento global. Este entorno obliga a los países emergentes a actuar con cautela, pero también con inteligencia estratégica para resguardar la estabilidad y atraer capital.
La Reserva Federal de Estados Unidos ha decidido mantener su tasa de interés en un rango de entre 4.25 % y 4.50 %, optando por una postura cautelosa ante un escenario aún incierto. La economía estadounidense ha mostrado signos de desaceleración, exacerbados por las tensiones derivadas de la nueva ronda de aranceles anunciada por la administración Trump. Aunque no se han implementado nuevos recortes de tasas, el mercado anticipa que la presión para flexibilizar la política monetaria aumentará si la inversión privada y el consumo continúan debilitándose.
En Europa, el Banco Central Europeo ha optado por una serie de recortes graduales que reflejan su preocupación por el debilitamiento de la actividad económica. A marzo de 2025, la tasa de referencia del BCE se ubica en 4 %, tras seis reducciones desde junio del año pasado. El Banco de Inglaterra, en cambio, ha decidido mantener su tasa en 4.50 %, con una votación de 8 a 1 en su comité de política monetaria. Esta disparidad entre las decisiones de los principales bancos centrales refleja la fragmentación del panorama económico global.
En cuanto a la inflación, la OCDE reportó que los precios al consumidor se mantienen en niveles elevados: 4.7 % en promedio interanual a enero, sin cambios respecto a noviembre de 2024. El Fondo Monetario Internacional, por su parte, prevé una reducción paulatina de la inflación mundial a 4.2 % en 2025 y 3.5 % en 2026, aún por encima de los objetivos ideales de la mayoría de bancos centrales.
Esta combinación de inflación persistente, tasas de interés altas y un crecimiento global en desaceleración —proyectado en 3.2 % para este año, según el FMI— representa una forma moderna de estanflación que, aunque más contenida que la de los años 70, impone costos relevantes sobre el financiamiento, la inversión y el comercio.
El impacto de las políticas comerciales proteccionistas impulsadas por la Casa Blanca no es menor. La reciente imposición de aranceles a múltiples países ha reavivado el riesgo de una guerra comercial. El propio FMI ha advertido sobre el efecto de estos movimientos en el debilitamiento del comercio mundial. Fitch Ratings, por su parte, ha reducido su previsión de crecimiento global a 2.3 % para este año, por debajo del 2.9 % registrado en 2024.
En este contexto, las economías latinoamericanas enfrentan un doble desafío: adaptarse al encarecimiento global del financiamiento y evitar efectos de contagio comercial. En EXOR Estructuradores Financieros, observamos con especial atención cómo algunos países de la región han logrado destacar por su manejo prudente de la política económica, incluso ante este contexto adverso.
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