La inflación en EUA y sus efectos en Centroamérica

2022-06-13

Los bancos centrales de los países de la región poco pueden hacer ante un fenómeno mayormente importado. Las medidas de alivio se ven limitadas por la presión que la pandemia ejerció en las finanzas públicas.

 

Por César Addario Soljancic

Vicepresidente regional de EXOR Latam para Centroamérica y el Caribe

 

Hay un dicho popular entre los economistas: Cuando Estados Unidos estornuda, a Centroamérica le da catarro. El problema es que ahora el padecimiento estadounidense es mucho más grave de lo que sus mismas autoridades estaban dispuestas a aceptar.

A los países centroamericanos este repunte global de precios los encuentra en una posición delicada. Las economías de la región vienen de soportar el shock sin precedentes de la pandemia del COVID-19, que les pasó sendas facturas en lo social y en lo fiscal, y que golpeó fuertemente los aparatos productivos. Recién en 2021 se experimentó un rebote tras las caídas por la pandemia, pero 2022, que debía ser el año de la consolidación se ha complicado en varios frentes.

La región está lidiando con aumentos generalizados en los precios de las materias primas y del petróleo, de los que son, en su mayoría, importadores netos. Antes incluso de la pandemia, esta arrastraba problemas estructurales vinculados con la pobreza y la desigualdad del desarrollo, y esta nueva realidad de precios altos los complica en dos vías: un deterioro fiscal ya previamente exacerbado por el COVID-19, y la merma en la capacidad adquisitiva de las familias, que también se vio reducida a raíz de los confinamientos durante la pandemia.

Es importante destacar que Centroamérica tiene poco margen de acción ante la crisis de precios. Los bancos centrales del istmo no tienen margen de política monetaria porque la inflación no es generada por factores internos, sino que es global y ha encarecido las importaciones de los países.

Incluso las medidas que se puedan tomar desde la administración pública para tratar de aliviar el golpe para los consumidores ¾como reducción temporal de impuestos o transferencias directas a las familias más pobres¾ se ven limitadas debido al poco espacio fiscal que tienen los gobiernos. Los recursos escasean y los programas que pueden ejecutarse ante el actual escenario son costosos.

Es momento de que los países reevalúen sus prioridades y diversifiquen sus fuentes de ingresos. El esquema tradicional de emisión de deuda pública o de obtención de financiamiento internacional puede quedarse corto ante los retos de la actual coyuntura, por lo que la innovación es indispensable para identificar y aprovechar oportunidades de captación de capitales intensivos que aún existen en los mercados internacionales.

Opciones como la contratación de deuda por parte de entidades estatales autónomas, la deuda cuasi soberana, o la emisión de bonos verdes o azules para proyectos específicos que tienen que ver con sostenibilidad o agua, permiten obtener recursos sin aumentar las ya recargadas deudas públicas de los países.

Los precios no bajarán en el corto plazo, al menos no mientras persistan las presiones inflacionarias desde Estados Unidos y Europa, y las complicaciones de economías como China, así como el encarecimiento de la cadena logística global. Es necesario, entonces, no solo estar conscientes de los retos que esto implica, sino también tomar las decisiones adecuadas para no dejar que nos cubran las aguas.